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  • Foto del escritor: Laura Pérez
    Laura Pérez
  • 23 nov 2021
  • 1 min de lectura

Sí queremos con todas las fuerzas, pero no lo decimos. A veces tratamos de evitarlo, otras lo escondemos o bien, simplemente, lo dejamos pasar. Damos todo por hecho. A veces por miedo al "qué pasará si me abro", otras porque ya nos tocó sentir un dolor profundo tras tanto amor o bien, simplemente, porque dar por hecho es mucho más fácil que afrontar.

Pero sí, a pesar de todo queremos. Sí, sabemos querer bien, aunque la mayor parte de las veces no queramos hacerlo y lo autosaboteamos.


Para la mayoría una comunicación sana es hablarlo todo, en todo momento y cuando surge el sentimiento. No, perdonadme, cada uno de nosotros es completamente diferente al resto, y esto condiciona directamente nuestra habilidad de comunicación.

Sano es: sentir, gestionar internamente esa sensación y exponerla cómo y cuándo uno mismo lo vea adecuado, (teniendo en cuenta a la otra persona) pero lo más importante, siguiendo y siendo fiel a los propios valores.


La comunicación sana sí es necesaria en el amor, pero normalicemos por sana una comunicación interna antes que *decir en todo momento lo que te ocurre*.


Quiere como tú sepas querer y no como el resto espera que quieras.

Expón cuando tú necesites y quieras exponer, y no cuando el resto espera que lo hagas.

 
 
 
  • Foto del escritor: Laura Pérez
    Laura Pérez
  • 25 ago 2021
  • 1 min de lectura

Ahora que te ven pasar día tras día contigo mismo no hacen más que preguntar por qué tanta soledad. La razón es simple, cuando has sentido estar lleno hasta desbordar, y de un día para otro estás vacío, te das cuenta de que no cualquier compañía puede curarte de ese sentimiento. Esa sensación de falta.


Y asusta, porque de repente no te convence lo que antes sí. Asusta verse incompleto y no cederse una tregua ante la barrera tan selectiva que has creado.

Asusta descubrirse a uno mismo esquivando situaciones, personas y momentos.

Asusta lo ruidoso que puede llegar a ser el silencio en tu interior.


Pero lo que más asusta es no saber cómo ni cuándo salir de ese círculo vicioso y complejo que es la soledad.

 
 
 
  • Foto del escritor: Laura Pérez
    Laura Pérez
  • 8 jul 2021
  • 1 min de lectura

Conocí, pongamos pues, una oruga una vez. Se veía bien feliz. Completa.


Un día, como le puede ocurrir a cualquiera, algo se desestructuró en su vida. Ya no había el brillo del amor en sus ojos, pero hay más. La oruga comenzó a arrastrar inseguridades. Y es que cuando un ciclo se cierra, si se hace mal, las dudas empiezan a opacar el lugar del amor propio.


Siempre habrá quien eche la culpa a las personas que dicen adiós, yo prefiero atribuir toda responsabilidad a nuestra oruga, en este caso.


Un día dije a mi amiga, "querida, en la vida te cruzarás con mil orugas más, está en ti permitir que las expectativas que les pones te vayan a causar dolor o generen aprendizaje."

Os diré más, quizá el problema esté en que ponemos expectativas, en lugar de fluir.


Con el tiempo fueron llegando los cambios, y entonces la oruga pasó de arrastrarse a volar, ya convertida en mariposa. Y fue entonces cuando descubrió que unos días el vuelo sería alto, mientras que otros no. Pero así iba a ser siempre.

Es en ese punto cuando, siendo consciente de las olas de la vida, aprendes a vivir.


Yo soy esa oruga, y tú también. Date oportunidades para fallar, aprender, crecer y vivir.

 
 
 
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